En
un pueblo remoto aconteció una vez un hecho que hasta hoy día
es recordado con gran orgullo y satisfacción por los
pobladores de este pequeño y recondito lugar,
Corría el ya muy lejano año de 1882, las lluvias cálidas
de verano acallaban la tranquilidad de las tardes acogedoras
del pequeño valle que se levantaba en los márgenes del río
Peñón Blanco
.
La
villa que se erguía cuan largo y ancho de las cristalinas
aguas del cauce del río llevaba el mismo nombre.
Para
beneplácito de los habitantes del pueblo, Dios era bueno
con ellos y solo les mandaba agua de lluvia al caer la
tarde, durante la mayor parte del día, los gambusinos,
jornaleros, maestros, vendedores ambulantes y comerciantes
realizaban sus tareas diarias y por la tarde al caer la
lluvia todos se resguardaban en sus casas...
Pero
uno de esos días, ya entrada la tarde, las sombras de la
noche ya hacían presa de los rincones mas escondidos en el
lecho del río Peñón Blanco, se escucho un espeluznante
bramido... Bramido similar a l de un toro de lidia, pero
mucho más estruendoso, Un bramido que a la vez parecía un
gruñido feroz... La gente del pueblo asustada se refugiaron
en sus casas tratando de apaciguar su angustia. Atrancaban
sus puertas con pesadas vigas de álamo temiendo que lo que
provocaba ese gru-bramido los quisiera atacar en sus propios
recintos amparado por las sombras de la noche, ante el temor
de escuchar el estruendo de los gru-bramidos cubrían a sus
pequeños hijos e hijas con cobijas tratando de que no
escuchara los terroríficos y estruendosos resoplidos que
seguían a los bramidos mezclados con bramidos del ente
siniestro
.
Así
pasaron los días, y a la 3ra semana corría el rumor de que
una horda de aproximadamente 300 abominables Sapostoros
resguardaban a dos jornadas de camino, en las profundidades
de los cañones de Covadonga, allá por los linderos del
Cerro Blanco, aguardaban pacientemente, esperaban que los
pobladores fuesen presa del pavor y que los hombres mas
valerosos de la Villa tratasen de salir de la población y
fuesen en busca de ayuda. Sabían los lideres de los
Sapostoros que los hombres de la Villa tratarían de
ir hacia el rumbo de Torreón y forzosamente tendrían que
pasar por los linderos de Covadonga o bien tendrían que ir
hacia Durango, en donde por aquellas épocas Los pobladores
tenían conflictos con los habitantes de la villa de
Guadalupe Victoria, esto por conflictos de tierras de la
Hacienda Santa Catalina, Conflictos heredados desde tiempos
de la guerra de reforma.

Así
que los Sapostoros sabían que los valerosos habitantes de
Peñón Blanco, forzosamente saldrían rumbo al norte, en
donde fácilmente serían presa de los 300 gigantescos
guerreros Sapostoros comandados por sanguinarios y salvajes
hordas de asesinos.
Si
decidieran los pobladores enfilar su búsqueda de ayuda, hacía
el sur, entonces serían entretenidos en el camino, tratando
de bordear los limites de la villa de Guadalupe Victoria.
Por lo tanto, en una reunión de los lideres de la villa,
decidieron ir hacia el norte, rumbo a las Cruces, Bordearían
el Cerro Blanco, pasando por Covadonga y llegarían hasta La
villa de Nazas, en donde se abastecerían de víveres para
poder llegar hasta la ciudad de Torreón.
Después
de planear el viaje y tomar sus armas para la posible
emboscada con los abominables Sapostoros, 50 hombres
valerosos se dispusieron a viajar esa noche, se dispuso todo
para que en punto de la media noche salieran los 50 intrépidos
pobladores.
Pero
nadie contaba con lo que sucedería esa noche. A eso de las
10 de la noche, cuando los primeros bramidos del ente
siniestro, un joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente. Se decidió a acabar con tan siniestra amenaza.
Este
joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, había
estudiado durante días los sonidos y su procedencia y había
llegado a la conclusión que aprovechándose de la enorme
obscuridad que puebla esa zona, gracias a los gigantescos álamos,
fresnos y mantos de enormes membrilleras, podría acercarse
amparado en las penumbras y como llegaría en contra de la
luz, luz que provenía de los faros de las alamedas,
entonces sería fácil que la silueta del ente siniestro se
proyectase y sería fácil para que el joven humilde, ágil,
astuto guapo e inteligente, utilizase una enorme roca y con
gran precisión y fuerza impactarla en la cabeza del
espeluznante Sapotoro.
El
Joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente era enemigo
de matar, incluso una mosca tenía derecho a vivir, según
sus palabras, en un momento de su vida, cuando apenas era un
mocoso, trato de ver que tan bueno era con la resortera y le
disparo a un pequeño pajarito, una avecita conocidas como
chileros, para su mala suerte, acertó y ante la moribunda
avecilla y con el corazón estrujado, se prometió a si
mismo jamás aprovechar su habilidad para dañar jamás a un
ser vivo.
Pero
esto era diferente, este ente era siniestro malévolo,
atentaba contra la vida de los pobladores de una villa
pacifica y trabajadora. Así que decidió utilizar esa
habilidad suya para eliminar esa afrenta.
En
eso pensaba el joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, y de pronto estaba allí, enfrente del unos 10
metros, frente a una enorme peña, se erguía la enorme
figura del Ente Malévolo. Un híbrido de Sapo, Toro y con
Figura Humanoide, sus puntas deberían de medir mínimo un
metro cada una, midiéndolas de la parte curva hacia arriba,
los brazos eran del grosor de un tronco de mezquite de 50 años
de edad, las manos mas bien parecían garras, dedos enormes
y piel endurecida, como la de un cocodrilo, aunque el joven
humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, jamás había
visto un cocodrilo, mas que en los libros de texto de la
escuela.
Las
patas del animaloide, semejaban las de un toro, pero de tamaño
enorme, dos o tres veces rebasaba su tamaño, el cuerpo del
mismo, lleno de músculos, de la cintura para abajo, su
cuerpo estaba cubierto por largos y sucios pelos, el torso
era enorme y musculoso, cruzado por dos tiras de piel
curtida y en su espalda cargaba una enorme espada que por el
tamaño se necesitarían 20 hombres para poder levantarla.
Una
enorme sensación de terror recorrió la espina dorsal del
joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente. Pero era
demasiado tarde para arrepentirse, el Sapotoro había
percibido algo y se dio la vuelta estrepitosamente, el joven
humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, no tuvo tiempo
para apuntar con la enorme roca a la nuca del ente siniestro
y al lanzarla con todas sus fuerzas, dio en la frente del
Sapotoro en lugar de la nuca como estaba planeado, aun así
el impacto fue tan fuerte que lanzó hacia atras al enorme
Sapotoro, quien a su caída causó un enorme estruendo,
provocando que la mitad del agua del rió saliera de su
cauce.
El joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente
aprovechó esto para armarse con su espada que le había
heredado su abuelo. Y con la espada empuñada en su mano
derecha y una daga de plata en su mano izquierda, se lanzó
al vació y dando una voltereta en el aire, estrello sus dos
poderosas y ágiles piernas en pleno rostro de sapo del ente
maldito, El Sapotoro aun no salía de su asombro al mirar el
rostro de quien osaba atacarlo, si solo era un mozuelo, un
niño apenas.
Mientras
tanto los hombres valerosos ya iban en camino del norte,
rumbo a Torreón con la esperanza de poder llegar sin tener
que enfrentar la horda de 300 salvajes y sanguinarios
Sapostoros que aguardaban en los Cañones de Covadonga.
Alguien
alertó que por el rumbo de la alameda se libraba una
colosal batalla, quizás, se repetían los pobladores, algún
fuereño, uno de esos valientes que viajaban de pueblo en
pueblo, acabando con salteadores y asesinos que rondaban las
poblaciones, pero eran desconocidos, puesto que peleaban por
la justicia pero no esperaban jamás ser reconocidos u
honrados, solo hacían su buena obra y desaparecían para
jamás volver a saber de ellos a menos que volvieran a
aparecer salteadores de caminos y asesinos.
De
estos hechos surgieron leyendas, tales como la Leyenda del
Chucho el Roto, Porfirio Cadenas, El Látigo Negro, El Rayo
de Jalisco, Julián Gallardo y tantos otros.
La
gente se empezó a arremolinar en torno al lugar en donde se
libraba tan colosal batalla, pero solo alcanzaban a
vislumbrar sombras y siluetas que se movía a gran
velocidad, Gruñidos, Bramidos Resoplidos, el romperse de
las ramas de los árboles, el resplandor de las chispas que
producían el choque de las espadas, aunque la mayoría de
las veces las chispas de fuego salían de la enorme espada
del Sapotoro al estrellarse en las rocas que sirven de marco
a la rivera del rió.
Era
casi el amanecer, fue entonces, que los pobladores pudieron
ver con asombro que la singular batalla que se libró
durante gran parte de la noche era entre un joven humilde,
ágil, astuto guapo e inteligente, pero por el fragor de la
batalla, el joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, aparecía sucio, desaliñado y cubierto de
sangre, al enorme Sapotoro se le miraban cortes en diversas
partes de su enorme cuerpo, sudaba sangre, el joven humilde,
ágil, astuto guapo e inteligente, parecía no estar herido,
mas sin embargo en su enorme correr, saltar y esquivar se le
notaba el cansancio y en un momento dado se fue reculando
con gran rapidez mientras el enorme sapo toro embestía cuan
toro de lidia, al ir hacia atrás el Joven humilde, ágil,
astuto guapo e inteligente, tropezó y esto provocó que
el enorme Sapotoro pasara casi volando por encima del joven
humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, estrellándose
con toda su masa enorme en un enorme álamo el cual derribó
causando un enorme estruendo.
El
joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, se dio
cuenta que no podría vencer al enorme mastodonte bajo esas
circunstancias, su espada no era lo suficientemente grande y
las heridas que le provocaba al Sapotoro, apenas si eran
como rasguños, los cuales sangraban por un rato pero era
obvio que la sangre del Sapotoro era bastante espesa y
terminaba coagulándose parando el sangrado en cuestión de
instantes, recordó el joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, que por el rumbo del arroyo colorado había un
precipicio y pensó que esa era su única probabilidad de
hacer algo.
Así
que con este en mente, sacó fuerzas de flaqueza y siguió
la colosal batalla en contra del siniestro Sapotoro, lo
empezó a forzar a que le siguiese y así, poco a poco le
fue atrayendo hasta el arroyo colorado, y entra embestida y
ataques furiosos, patadas y golpes que poco hacían en la
masa voluminosa del Sapotoro, fueron aproximándose al lugar
que el joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente, había
elegido para acabar con el Sapotoro de una vez por todas.
Mientras
tanto, en el lindero del Cerro Blanco, los valerosos
pobladores eran atacados por la horda de asesinos
sanguinarios. Pero Los valientes pobladores, lograron
rechazar el primer ataque de la horda de asesinos, Como ya
se esperaban el ataque, mandaron los caballos con 50 muñecos
de paja, como la horda de salvajes, tienen mucho músculo
pero poco cerebro se lanzaron con toda su furia sobre los muñecos
de paja despedazándolos con sus enormes espadas, pero
cuando se dieron cuenta del engaño ya tenían encima a los
50 valerosos hombres del Peñón Blanco encima de ellos, a
pesar de la enorme diferencia tanto en peso como en cantidad
los valientes Pañoleros, acabaron con 120 mastodontes
sufriendo solo 2 heridos de gravedad, y 25 mas con rasguños
y golpes contusos, pero aun estaban posibilitados para
pelear.
La
horda de Sapostoros huyeron despavoridos y asombrados por la
enorme facilidad que tenían los humanos para pelear,
inclusive en la confrontación cuerpo a cuerpo, parecían
multiplicarse ante los ojillos de sapo de las hordas de
salvajes.
Además
que los humanos portaban un tipo de arma desconocida para
ellos, era un palo que lanzaba fuego, alcanzaron a contar
diez palos de fuego que lanzaba proyectiles a gran
velocidad, aunque solo un proyectil salía de los
instrumentos de muerte antes de ser recargados otra vez. Los
Sapostoros decidieron replegarse en los profundos cañones
de Covadonga.
Mientras
tanto el joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente
lograba llegar al lugar en donde creía poder eliminar al
gigantón Sapotoro... El joven humilde, ágil, astuto guapo
e inteligente, corrió hacía la ladera que lo llevaría
hasta la cúspide del precipicio que formaba el cañón del
arroyo colorado.
Lo
que le faltaba para llegar a la cima del precipicio al
mastodonte Sapotoro, lo hace en dos saltos cuando el joven
humilde, ágil, astuto guapo e inteligente apenas si libraba
la mitad de la ladera...
Cuando
El joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente arribó
a la parte alta, se reanudó la feroz batalla, entre
ataque-embestida del Sapotoro Humanoide, Los árboles eran
derribados cuan débiles cañas de maíz, el cansancio hacía
presa del joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, pues ya era el segundo día de feroz batalla...
De
pronto, al retroceder el joven humilde, ágil, astuto guapo
e inteligente, tropieza y cae al borde del precipicio,
entonces el enorme Sapotoro aprovecha para tomar una
enorme roca que pesaría alrededor de 2000 kilos, trata de
aplastar la cabeza del joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, pero aprovechando su agilidad y juventud, rueda
y salta como un lince incorporándose inmediatamente. La
enorme roca se estrella en el borde y queda a la deriva del
precipicio
El
joven humilde, ágil, astuto guapo e inteligente... Cree que
podría levantar la enorme roca y lo intenta... Pero al
tratar de levantar la enorme roca, el Sapotoro embiste, pero
otra vez, el joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, haciendo gala de su destreza se eleva por los
aires dando una marometa y al tiempo que el Sapotoro embiste
la roca clavando sus poderosas puntas en la misma,
aprovechando la pirueta que el joven humilde, ágil, astuto
guapo e inteligente realiza para esquivar la embestida del
Sapotoro, golpea con sus piernas la parte baja de la espalda
del Sapotoro impulsándolo hacia el precipicio, el peso de
la roca atorada en los cuernos del ente siniestro y el mismo
vuelo que llevaba no le permitió al Sapotoro evitar su
eminente caída...
En
otro lado, en las faldas del Cerro blanco, La horda de
Sapotoros, habían presentido que su líder había sucumbido a
manos de un valiente joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente... llenos de temor decidieron desistir de su
intento de invadir la villa de Peñón Blanco y huyeron en
desbandada.
Cuando
los hombres valerosos que habían ido, peleado y hecho
retroceder a la horda de salvajes y sanguinarios Sapotoros,
se dieron cuenta de lo sucedido regresaron a la villa para
participar de las celebraciones del pueblo... Sin embargo a
pesar de que se organizó una gran fiesta por una semana en
honor de los héroes del pueblo por haber peleado y
derrotado la amenaza de los Sapotoros, el joven humilde, ágil,
astuto guapo e inteligente, desapareció, pues nadie jamás
supo de quien se trataba, porque a pesar de que muchos lo
vieron en, durante u después de la batalla, no lo pudieron
reconocer y como la lucha final se terminó al anochecer del
segundo día, el joven humilde, ágil, astuto guapo e
inteligente, aprovechó las penumbras del manto de la noche
para desaparecer.
Y así termina esta
leyenda del:
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